La Comunidad de Regantes La Romana nació de la necesidad de los agricultores del municipio de agruparse para hacer frente a la escasez crónica de agua en una zona de secano tradicional. Históricamente, el campo de La Romana basaba su economía en cultivos adaptados a la aridez del clima, como el viñedo para la producción de uva de mesa y vino, el olivar y el almendro, dependiendo casi exclusivamente de las escasas precipitaciones y de pequeños aljibes o pozos particulares.

Con la evolución de la agricultura y la posibilidad de acceder a nuevas captaciones de aguas subterráneas, los productores locales decidieron unificar esfuerzos y formalizar la comunidad de regantes para gestionar el agua de manera colectiva y justa. A lo largo de las últimas décadas, la entidad ha llevado a cabo importantes obras de modernización, que han incluido la instalación de redes de tuberías a presión y sistemas de riego localizado por goteo. Además, la comunidad se integró activamente en las estructuras hidráulicas comarcales para defender sus derechos de agua, incorporando nuevas fuentes de suministro y asegurando la estabilidad y rentabilidad de las explotaciones agrarias de sus comuneros.